Pasa cabizbajo, con las manos entrelazadas en la espalda, rumiando una negra boquilla que dejó de tener sabor en el instante en que ella murió, como el resto de sus cosas..
Arrastra sus pasos con sonido de lija dura, se detiene y mira al suelo. Quién sabe en qué piensa, si es que piensa en algo.
Con cada vuelta de boquilla, un ruido anciano de saliva y pena hila una vuelta más en esa rueca de nada que es su vida ahora que está sólo.
Noventa y dos años y aún sigue dando vueltas a esta vieja casona todas las mañanas a la misma hora. Tres vueltas, doscientos sesenta y tres pasos de lija y siempre la misma pausa.
Sólo una vida. Los humanos son curiosos.
Desde mi alfeizar, con la única rendija que me dejan abierta para poder mirar y entretenerme en la nada, como él, le veo pasar a diario.
Dicen que yo tengo siete vidas, y sé que recordaré con cariño esa cara surcada de vinilo por los años, desde este alfeizar verde.
lunes, 11 de mayo de 2009
meow...
Publicado por von Stein en lunes, mayo 11, 2009
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2 comentarios:
Tu blog es ese pequeño momento para dejarme llevar por una pequeña pieza recortada de la vida. Un beso
Sólo por ese momento que te llega, merece la pena dejar que los dedos escupan cuando quieren.
Muchas gracias, acabas de hacer que la pausa especial sea recíproca.
Beso de vuelta también a ti.
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